Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Edimburgo en colaboración con la Universidad de Cambridge y The Christie NHS Foundation Trust, explican que las imágenes obtenidas de los escáneres previos a la radioterapia también pueden detectar cambios tempranos en los tejidos, modificaciones que podrían ayudar a detectar complicaciones del tratamiento como el sangrado rectal.
La radioterapia es uno de los tratamientos más eficaces y frecuentes frente al cáncer de próstata, pero no está exenta de riesgos. Debido a la proximidad anatómica entre la próstata y el recto, una pequeña parte de la radiación puede afectar a tejidos sanos, provocando efectos secundarios que, en algunos casos, impactan de forma notable en la calidad de vida de los pacientes.
Hasta ahora, las decisiones para modificar un plan de radioterapia se basan principalmente en cambios visibles en la anatomía del paciente. Sin embargo, no suelen tenerse en cuenta alteraciones más sutiles en los tejidos, conocidas como características radiómicas, que pueden aportar información relevante sobre cómo responde el organismo al tratamiento. El nuevo trabajo apunta a que estos datos, analizados con inteligencia artificial, podrían marcar la diferencia en el abordaje del cáncer de próstata.
La investigación analizó imágenes de 187 pacientes tratados con radioterapia de próstata. Mediante técnicas de aprendizaje automático, los investigadores identificaron una relación entre determinados patrones radiómicos y la aparición de sangrado rectal hasta dos años después de finalizar la terapia. Uno de los hallazgos más relevantes es que los cambios observados en los escáneres apenas una semana después de iniciar el tratamiento ya eran muy predictivos.
La capacidad de predicción aumentaba aún más cuando se combinaban los datos de las primeras tres semanas de exploraciones, lo que sugiere la existencia de un periodo de tiempo para intervenir y adaptar el tratamiento.
Estos resultados refuerzan el potencial de la radioterapia adaptativa, que consiste en actualizar los planes de tratamiento en función de la evolución del paciente, en lugar de mantener un esquema fijo durante todo el proceso.
Según los expertos, el seguimiento de las características radiómicas podría ayudar a los médicos a decidir cuándo y cómo modificar la radioterapia para reducir los efectos secundarios sin comprometer el control del cáncer.
Finalmente los investigadores subrayan que es necesario realizar estudios más amplios y desarrollar procesos automatizados más completos para así poder integrarlos de forma rutinaria y ayudar en la toma de decisiones de los expertos.
Si deseas conocer más sobre esta investigación, puedes hacerlo en el siguiente enlace:
https://www.ed.ac.uk/news/scan








